Muchas parejas no se rompen porque no se aman. Se rompen porque quedan atrapadas en una forma de vincularse que ya no les permite crecer.
De la pelea a la transformación
Por Mónica Dreyer.
En la clínica vincular se observa con frecuencia que el verdadero problema no es la falta de amor, sino la dificultad para transformar el vínculo. Dos personas pueden elegirse, compartir valores, proyectos y afecto, y aun así quedar detenidas en discusiones que se repiten. Las peleas no solo desgastan: fijan a la pareja en una identidad rígida, conocida, que se reitera una y otra vez. Y muchas veces, aunque sufran, no saben hacerlo de otra manera.
Discutir no es el problema. El problema aparece cuando el vínculo se organiza alrededor del reclamo, la defensa o la necesidad de tener razón. La pareja deja de pensarse como un equipo y pasa a funcionar como dos individualidades enfrentadas. El “yo contra vos” reemplaza al “nosotros”, y el conflicto se vuelve la forma principal de contacto.
Muchas discusiones esconden una pregunta silenciosa y profunda: “¿Soy importante para vos?”. Cuando esa pregunta no encuentra respuesta, el conflicto se vuelve permanente.
Si bien el primer paso necesario puede ser aprender a dirimir mejor los conflictos, el cambio profundo aparece cuando se reconfigura el vínculo. Cuando la relación deja de sostenerse en la reacción y empieza a construirse desde la elección. Algo de la vieja identidad relacional cae —esa forma conocida de pelear, defenderse o escalar— y se habilita un “nosotros” distinto, más consciente, más elegido. Allí comienza a responderse, de verdad, la pregunta esencial: qué lugar ocupo para vos.
Las crisis, aunque duras e incómodas pueden funcionar como una coctelera: desarman lo previo y obligan a revisar quiénes son como pareja. Sin embargo, ese cambio no es posible mientras la pelea siga ocupando el centro. El conflicto permanente impide que emerja un nuevo “nosotros”.
Cuando una pareja logra correrse de la lucha y reconfigurar su identidad vincular, algo cambia.
El vínculo deja de repetirse en discusiones estériles y comienza a transformarse en una forma más consciente de estar juntos.

