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Historias de Santos: ¿Simplemente pan?

Reflexiones sobre la vida de Pier Giorgio Frassati. Por Clara Milano.

“Os animo con todas las fuerzas de mi alma a acercaros a la Mesa Eucarística con la mayor frecuencia posible. Aliméntate de este Pan de los Ángeles, del que sacarás la fuerza para combatir las luchas interiores”. Esta frase pertenece a Pier Giorgio Frassati, un joven italiano que nació en 1901, murió a sus 24 años y fue declarado santo en septiembre del año pasado. No era cura ni monje, sino un chico común, pero con una vida interior muy profunda.

Se lo conoce principalmente por su alegría y por su amor a los pobres, a quienes ayudó incontables veces. Además, era un apasionado por la montaña y el alpinismo, y decía que ahí sentía a Dios más cerca. Murió de polio, probablemente contagiado al asistir a personas enfermas.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención al leer sobre él fue su vínculo con la Eucaristía (para los creyentes, el sacramento mediante el cual, en la misa, se transustancian el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo). Esto mismo me había pasado recientemente al leer sobre Carlo Acutis, un joven de 15 años italiano que también fue declarado santo, quien sostenía que la Eucaristía era “su autopista al Cielo”.

Pier Giorgio recibió su primera Comunión el 19 de junio de 1911, a sus 10 años. A los 12 comenzó a comulgar diariamente. "El poder de Cristo obrando en él cada mañana es la única explicación que podemos dar a sus heroicos actos de abnegación y caridad, a su enorme espíritu de humildad y a la astucia moral de su vida", sostuvo al respecto su hermana Luciana. Él decía que la Eucaristía le daba la fuerza para amar y servir.

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Pier Giorgio Frassati es conocido principalmente por su alegría y por su amor a los pobres.

Pier Giorgio Frassati es conocido principalmente por su alegría y por su amor a los pobres.

Incluso siendo católica desde hace años, muchas veces me cuesta creer en el misterio de la Eucaristía, tal vez es por eso que me llama tanto la atención el vínculo que tuvieron estos santos con ella, incluso siendo tan jóvenes.

Recuerdo que, años atrás, una amiga me contó que había “discutido” con su hermana sobre el tema. Ella se estaba por ir a misa, cuando su hermana, agnóstica, le dijo algo así como que no entendía por qué “perdía tiempo” yendo a misa, cuando la Eucaristía era “solo un pedazo de pan”. Mi amiga me dijo que en ese momento sintió como una revelación, y le contestó que, justamente, eso era lo especial: que Dios se había quedado en un simple pedacito de pan. No había muchas más vueltas, sólo la fe en el misterio y el corazón conmovido por el hecho de que un Dios omnipotente haya elegido dejarnos su presencia en un lugar tan chiquito y sencillo.

Hoy en día, al menos a mí, me cuesta mucho abrazar los misterios porque tiendo a racionalizar absolutamente todo. Sin embargo, a veces recuerdo que Dios no responde a la lógica humana, y eso me permite abrir el corazón un poco más. Tal vez el vínculo de estos santos con la Eucaristía no nos traiga respuestas, pero es probable que nos animen a acercarnos a un sacramento que es reflejo de un Dios que nos ama profundamente y quiere estar cerca nuestro. Si volvemos a la mesa del altar, es posible que nos sorprendamos con la fuerza que podemos encontrar.

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