“Yo quería ser famosa”. La frase pertenece a Clare Crockett, actual Sierva de Dios, y resume el punto de partida de una historia que terminó siendo completamente distinta a la que ella había imaginado.
Historias de Santos: de Hollywood al convento
Un repaso por la vida de Clare Crockett. Por Clara Milano.
Clare nació en Irlanda del Norte en 1982 y desde muy joven parecía encaminada hacia el mundo del espectáculo. Tenía carisma, facilidad para actuar y un sueño claro: trabajar en televisión y, si era posible, llegar algún día a Hollywood. De hecho, siendo adolescente participó en programas juveniles y empezaba a abrirse camino en ese ambiente que para muchos representa éxito, reconocimiento y una vida llena de oportunidades.
Pero la historia dio un giro inesperado cuando tenía 17 años: durante un viaje a España para participar en actividades de Semana Santa, algo en su interior cambió profundamente. Años más tarde contaría que ese momento la llevó a replantearse toda su vida e iniciar un camino de consagración.
“Yo quería ser famosa”, repetía con humor cuando relataba su pasado. Y agregaba que durante un tiempo incluso discutía con Dios en la oración: “Cualquier cosa, menos monja”. Finalmente, Clare ingresó a la congregación Siervas del Hogar de la Madre y comenzó una vida muy distinta a la que había imaginado. Pasó de los escenarios y los estudios de televisión a la misión educativa, la catequesis y el trabajo con jóvenes en distintos países.
Lo que me parece más valioso de su historia es que quienes la conocieron cuentan que su personalidad no cambió: seguía siendo alegre, expresiva y con gran sentido del humor. La diferencia era que los talentos que antes pensaba usar para alcanzar la fama empezaron a tener un destino diferente.
La actuación, la música y su facilidad para comunicarse con la gente se transformaron en herramientas para acercarse a los jóvenes. Durante su adolescencia, decía, buscaba satisfacer sus propios deseos; después comprendió que esos mismos dones podían ponerse al servicio de algo más grande.
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Es importante aclarar que no creo que esto signifique que todos debamos abrazar el servicio religioso. Cada uno, desde su lugar, puede preguntarse si se está guardando sus talentos o si los está desplegando para los demás.
La vida de la hermana Clare terminó de manera inesperada en 2016, cuando murió durante el terremoto que sacudió la costa de Ecuador, país donde trabajaba en una escuela. Tenía 33 años. Sin embargo, en vida repetía: “Lo triste no es morir. Lo triste es vivir sin haber amado de verdad”. Ella amó, ¡y cuánto!
En lo personal, creo que su mensaje más fuerte está en que si descubrimos nuestras capacidades pero las utilizamos solamente para auto complacernos, vamos a terminar muy vacíos. Lo bueno es que, así como Clare, siempre podemos orientarlas hacia los demás. Como ella decía”: “Cuando uno descubre para qué fue creado, todo cambia”.


