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Historias de Santos: la lógica de Dios

Reflexiones sobre la vida de Santa Clara de Asís. Por Clara Milano.

Durante el retiro de Pascua tuve la gracia de reflexionar en varias oportunidades sobre el hecho de que la lógica de Dios es completamente diferente a la nuestra. Un ejemplo concreto de esto se puede ver reflejado en la historia de mi tocaya, Santa Clara de Asís (por ella llevo este nombre): una mujer que decidió romper con los mandatos de su tiempo y dejar una familia acomodada para vivir en la pobreza y la sencillez del Evangelio.

Nacida en una familia noble en la Italia del siglo XIII, Clara tenía un futuro marcado por privilegios y comodidades. Sin embargo, algo en su interior la llevó a buscar otro camino. Inspirada por la predicación de Francisco de Asís a vivir en carne propia el corazón del Evangelio, decidió dejar atrás su vida prometedora y entregarse completamente a Dios.

Su decisión no fue sencilla. Abandonar su casa implicaba desafiar no solo a su familia, sino también a una sociedad que no concebía ese tipo de elecciones para una mujer. Aun así, Clara avanzó con determinación y fundó la orden de las Clarisas, basada en una vida de pobreza absoluta, oración y comunidad.

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Santa Clara avanzó con determinación y fundó la orden de las Clarisas.

Santa Clara avanzó con determinación y fundó la orden de las Clarisas.

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Con su historia, Clara nos ayuda a entender que para ser felices necesitamos salir de nuestra lógica, marcada por una sociedad consumista y egocéntrica, para entrar en la lógica de Dios, la cual nos dice que el camino siempre es el del amor, y no el del amor de color de rosa, sino el de la entrega.

Como señala la Biblia, “la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana” (1 Corintios 1, 25). La forma que Dios tiene de ver la vida, según el Evangelio, se basa en la misericordia. Clara de Asís encarnó esa mirada: mientras el mundo valoraba el poder y la riqueza, ella eligió la humildad y la entrega.

Cambiar la mentalidad, en ese sentido, no implica necesariamente abandonar todo, sino animarse a cuestionar: ¿Qué necesitamos realmente? ¿Qué nos sobra? ¿Qué nos acerca a los demás y qué nos aleja? ¿Qué nos ayuda a amar más?

Quizás por eso, a más de 800 años de su paso por la tierra, su figura sigue interpelándonos, al igual que la de San Francisco de Asís. Clara se animó a vivir en la lógica de Dios… ¿Y nosotros?

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