Me voy a hacer el sota por un ratito. Voy a ignorar que el dato de inflación de marzo del tercer año de gobierno de Javier Milei solamente es peor que el del gobierno de Alberto Fernández. Ni Macri ni Cristina Kirchner en sus dos gobiernos tuvieron una inflación tan alta. Pero voy a concentrarme en otro aspecto. Uno que considero mucho más estructural que el día a día de los precios. Las empresas.
TMAP
Por Nico Varela (@nicoevarela).
Para hablar de esto quiero citar a dos periodistas de CABA que, si se quiere, están en veredas supuestamente opuestas del abordaje de la realidad.
El primero es Alejandro Bercovich, que durante su cobertura del evento anual de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina contó la devolución que le dieron los más grandes empresarios del país sobre el momento económico que se está atravesando. Cabe aclarar que los empresarios allí presentes no eran los directores del JP Morgan o Mercado Libre. Hablamos mayormente de los CEO de las verdaderas empresas generadoras de empleo y producción. Los que llegan temprano a sus oficinas y trabajan de empresarios en las empresas que fabrican y distribuyen las cosas que sí usamos todos los días.
Pero esperen, porque para sorpresa de muchos (o no tantos) allí las cosas no están tan mal. Hay sobrados testimonios de los dueños de Lumilagro en internet, pero si quieren podemos dejarlos de lado por el evidente sesgo ideológico. Y para eso voy a citar a Bercovich, que contó un off the record que tuvo con un empresario fabricante de electrodomésticos de línea blanca. Heladeras, lavarropas... los caros.
"Cerré la fábrica de electrodomésticos y triplique el market-share de mi marca con productos importados. Estos son los incentivos y el marco que tengo para mi negocio y me está yendo bien", habría dicho este empresario textualmente. Pero, tratándose de productos que cayeron en ventas, ¿cómo es esto posible? "Gano más por el agregado y gano más con el margen. No es lo que quisiera, pero me tengo que adaptar", volvería a responder con algo de culpa. Aunque no sabemos de quién habla, sí sabemos que por ejemplo Whirlpool cerró en diciembre del año pasado su fábrica en Pilar y despidió a 220 trabajadores y que, precisamente, aumentó su presencia en el mercado desde entonces.
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¿Cómo es esto posible si en diciembre una de las explicaciones que Whirlpool dio fue la caída de las ventas? Según el mismo reporte, Whirlpool ahora importa, por ejemplo, los lavarropas de Brasil, a un costo final en torno a los 300.000 pesos. Pero el lavarropas, que hace tiempo no aumenta a los niveles que lo hace la luz y la comida, sigue costando más de 600.000 pesos al consumidor. Sí, relativamente es más barato, como se cansa de explicar el presidente. Y sí, si miramos a las empresas (que no son más que un nombre y un empresario) las cosas están yendo mejor.
Ahora voy a citar a Eduarado Feinman que en febrero de este año, en radio la Red, contó un dato revelador que se viralizó por la creatividad de su análisis. "En los últimos dos años cerraron 22.000 empresas", dijo primero y luego analizó: "parece solo un número pero son 30 empresas por día. Poco más de una empresa por hora". Esta semana la Superintendencia de Riesgos de Trabajo volvió a publicar el dato, y en enero cerraron otras 2000 empresas. Siguiendo el mismo análisis, unas sesenta por día. Cada vez quedan menos empresas, pero las que quedan cada vez tienen más plata.
Sé que puede sonar un poco rebuscado y quizás no me alcance el espacio ni la capacidad matemática para explicar esto con profundidad pero la conclusión es que todo marcha acorde al plan. En líneas generales, el objetivo trascendental del presidente Javier Milei es conseguir que pase esto que está pasando. Hasta cree que le van a dar un premio Nobel por eso. Javier Milei cree que el mercado es perfecto, sin fallas, por ende esta evidente tendencia a los monopolios sólo es parte de un proceso virtuoso que puede terminar, por ejemplo, como explicó también esta semana el sudafricano Elon Musk: con dos o tres empresas manejadas por IA produciendo todos los bienes y servicios del mundo y con los estados debiendo hacerse cargo de repartir algo que ya conceptualizó como "renta universal".
Creo que el fenómeno Milei no es un fenómeno barrial, sino un instrumento dentro de un proceso mucho más grande. Y por eso creo que lo va a conseguir. A menos que se suicide políticamente con un fin de semana twittero como este. El desafío para los que no quieran verlo ocurrir, estará en encontrar a quien se oponga realmente a este futuro distópico.

