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Después de la post-verdad

Por Nico Varela (@nicoevarela).

Quienes siguen estas líneas -y especialmente mi programa de radio- saben que no soy el principal defensor ni promotor del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, como posible candidato a presidente en 2027. Lugar que le parece servido por cierta parte del espectro político como puede ser el caso del novio de Lali Espósito, que ya esta semana empezó a hablar de que no aceptar a Kicillof como líder del peronismo era "hacerle el juego a Milei". Pero no por eso voy a negar que, durante un acto de campaña que también se llevó a cabo esta semana (a más de un año y medio de la elección presidencial), el gobernador dijo algo que me pareció sumamente interesante. "María Eugenia Vidal era invencible", disparó. Y me hizo acordar a la Vidal que ganó en 2015, a la que la máxima crítica que se le hacía era decirle "Heidi" de manera burlona. Me llamó la atención lo que mencionó respecto a los métodos de comunicar y me recordó la era que inauguró aquel gobierno en la Argentina y que éste, el gobierno de Javier Milei, parece estar terminando. La era de la "post-verdad". Kicillof siguió su arenga recordando las figuras de Marcos Peña y Duran Barba, y la idea de que el macrismo era inamovible del poder gracias a la Big Data.

La Big-Data es un concepto que se acuñó para explicar los grandes bancos de datos que tienen los gigantes tecnológicos de redes sociales. Tienen tanta información de nosotros que podrán servirnos el discurso que busquemos en el momento que lo queramos y con los condimentos que necesitemos para convencernos de prácticamente cualquier cosa. Con ese método, se nos vendieron promesas de campaña del estilo "pobreza cero" o "volver mejores" completamente carentes de contenido. Compramos. Para un lado o para el otro, mordimos el cebo. Y vimos cómo todo lo que creíamos real se nos deshacía en la boca para llegar al punto en el que estamos ahora.

El punto más alto de la era de la post-verdad llegó en la elección 2023. El ministro de Economía que hacía un año no podía bajar la inflación del 6% mensual nos prometía prosperidad mientras del otro lado nos prometían que pasaríamos a ganar nuestro sueldo en dólares y eso llevaría la inflación del 15.000% a 0% en un año. El ganador de esa puja de post-verdades fue el ahora presidente Milei, que fue además quién explicó con sorprendente atino el fenómeno que lo llevaría hasta donde llegó en uno de sus brotes psicóticos más extravagantes y recordados: "mientras ellos ven a la señorita por internet, yo la tengo en medio de mis sábanas", dijo al borde del desequilibrio emocional. ¿De qué estaba hablando? De la cantidad de interacciones positivas contra la cantidad de interacciones negativas que había tenido una publicación de él en internet. Cuando él decía "la casta tiene miedo" el mensaje llegaba cómo tenía que llegar, a quien tenía que llegar, con el contexto y el pretexto que cada uno de esos perfiles publicitarios necesitaba para morder el cebo, y él lo sabía.

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Pero ahora la historia cambió. Mejor que describirles el momento actual, es invitar a quien haya llegado leyendo hasta acá a sacar en algún momento su celular y chequear por sí mismo cualquier red social del presidente y hacer la misma comparación entre interacciones. Decenas de miles de personas, esta semana, vivieron un auténtico infierno para viajar a sus trabajos denotando un profundo deterioro en su calidad de vida. Toda esa angustia quedó retratada en el testimonio de una joven de 29 años que tiene un hijo de dos, y que contó que salía de su casa a las cinco de la mañana y llegaba a las nueve de la noche; pasaba seis horas del día viajando, para igual no llegar a fin de mes. En Córdoba, la policía -que no es la misma que está en la Ciudad de Buenos Aires- terminó agarrándose a las piñas con manifestantes para tratar de escapar de la represión a la que los habían mandado. Hace un par de semanas, les recuerdo, un policía activo en La Matanza mató en un intento de robo a un docente que estaba trabajando de Uber. "Estoy cansada", dijo la chica. "Ya no sé ni para qué lo hago".

La burbuja se rompió. El velo se cayó. Y esto es algo que está pasando en todo el mundo. El jueves, en medio de las negociaciones con Irán, Donald Trump dedicó el posteo más largo en su red social Truth a atacar a periodistas que hace más de diez años lo acompañan y apoyan públicamente, pero ahora lo critican. De todos los lados, en todos los marcos de debate y discusión, los fieles se alejan de los líderes hambrientos de una sola cosa que, sorprendentemente, ahora los empieza a juntar: la verdad.

Los discursos forzados, las ninguneadas, los memes, las respuestas al estilo "¿acaso mi funcionario del ministerio de economía que recibió 300.000 dólares del Banco Nación está matando a alguien?" ya no funcionan.

Pero nótese que tampoco funcionarán las promesas de una supuesta renta universal, o de jurar que se va a poder pagar la deuda sin decir cómo.

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