Hablar de la Iglesia es, en el fondo, hablar de una búsqueda compartida. Más allá de las polémicas, hay un horizonte que permanece: aprender a escuchar a un Dios que nos dice que nos ama y que nos enseña a caminar como hermanos.
Una visita para todos
Por Clara Milano.
Por eso creo que la Iglesia no son los templos, sino las personas que la habitan y, sobre todo, las que buscan vivir amando. Como dice un cura amigo, Darío, quizás haya muchas personas que se sienten alejadas de la Iglesia pero que, sin embargo, tratan con enorme caridad a los demás. Personas que, sin darse cuenta, comparten esa misma búsqueda con quienes participamos semanalmente de grupos, celebraciones y comunidades. Y quizás, incluso, tengan más fe que muchos de nosotros.
Por eso me gustaría que esta humilde columna sea un espacio para todos, creyentes o no, para quienes se sienten cerca y para quienes alguna vez sintieron que la Iglesia estaba lejos. Después de haber recorrido las historias de tantos santos, hoy abrimos una nueva etapa para acercarnos un poco más al corazón de la Iglesia, conocer lo que sucede en ella y descubrir, quizás, que detrás de sus templos, sus noticias y sus nombres hay personas que, como nosotros, siguen buscando a Dios.
Y qué mejor manera de comenzar esta nueva etapa que con un notición: León XIV viene a la Argentina. El Papa llegará el 8 de noviembre y permanecerá en nuestro país hasta el 11, en una visita que tendrá a Buenos Aires, Luján y Córdoba como algunos de sus principales destinos.
La Iglesia argentina ya comenzó a prepararse. El pasado 22 y 23 de agosto se realizó una colecta nacional para colaborar con los gastos de la visita y también se abrió una convocatoria para elegir la canción oficial que acompañará la llegada del Papa. Entre las propuestas para su recorrido aparece, además, el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole, aunque por el momento su visita allí no está confirmada (imagínense mi emoción ante esta posibilidad, como periodista católica del Conurbano).
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Son detalles que pueden parecer pequeños frente a un acontecimiento de esta magnitud, pero que muestran algo importante: la llegada del Papa no es solamente la llegada de una persona. Es una comunidad entera preparándose para recibirlo. Y acá aparece la pregunta que, para mí, vale la pena hacernos: ¿qué significa realmente la figura del Papa?
Desde afuera, su figura puede parecer lejana. Un hombre vestido de blanco, rodeado de seguridad y protocolos, que aparece en grandes plazas y cuyas palabras pueden sentirse como indicaciones que simplemente hay que obedecer. Pero la relación de un católico con el Papa no debería ser la de alguien que obedece porque sí. Para nosotros, el Papa es una figura de hermano mayor: alguien que tiene la responsabilidad de acompañar, orientar y ayudar a mantener unida a una Iglesia enorme, diversa y llena de personas que buscan a Dios de maneras diferentes. No significa que tengamos que estar de acuerdo con cada palabra ni que nuestra fe consista en obedecer sin preguntarnos nada. Significa reconocer que hay alguien que recibió la misión de caminar delante de la Iglesia, pero también con ella, ayudándola a no perder de vista aquello que la une.
Y quizás esa sea una de las cosas más lindas de la visita de León XIV: recordar que la Iglesia es mucho más grande que cada uno de nosotros. Por eso, cuando León XIV llegue a la Argentina, no vendrá solamente a encontrarse con los católicos que irán a verlo. Vendrá a encontrarse con una comunidad de personas que, con sus certezas y sus dudas, intenta aprender a amar como Jesús enseñó. Y tal vez por eso esta pueda ser, de verdad, una visita para todos.

