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Tengamos la fiesta en paz

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

Incertidumbre. Nombre femenino. Falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud. Ejemplo: “reinan sentimientos de incertidumbre e inseguridad”.

El diccionario nos ayuda a entender cómo estamos este domingo los argentinos que vamos a votar en la segunda vuelta para decidir entre Massa o Milei. El sagaz político representante de un gobierno desastroso y de una crisis económica aguda versus el excéntrico economista que sintonizó con la bronca de una parte de la sociedad, aun a costas de ideas y propuestas escandalosas que rompieron con consensos de 40 años de democracia. La totalidad del aparato del peronismo (debilitado electoralmente a fuerza de fracasos) más el progresismo y el centrismo radical versus un fenómeno que se hizo fuerte entre los jóvenes a través de las redes sociales y terminó, en las últimas semanas, tratando de tomar una piel largamente conocida: la del antiperonismo.

Cómo no sentir incertidumbre, angustia e inseguridad hoy, incluso en medio de la fiesta de la democracia que algunos tanto celebramos, si los posibles resultados son tan disímiles. Y, gane quien gane, habrá casi una mitad de la sociedad profundamente desilusionada con el naciente gobierno. Con apremios económicos que se notan en las góndolas del supermercado, en los recibos de sueldo, en la emisión monetaria, en los pedidos a las áreas de Desarrollo Social de los municipios, en las reservas del Banco Central y en el cronograma de vencimientos de la deuda con el Fondo Monetario Internacional. También con bemoles, como el índice de desempleo del 6% (una cifra baja) y el boom de consumo que se registra en algunas áreas específicas, como la construcción y el entretenimiento.

Todo el panorama produce ansiedad, por lo que me parece importante que nos ahorremos los dramas allí donde no los hay. La limpieza del resultado de los comicios nacionales nunca estuvo en duda en la Argentina en los últimos 40 años. Desde 1983 hubo nueve elecciones presidenciales; en cuatro de ellas el partido gobernante debió dejar el poder a sus opositores, sin chistar (Alfonsín a Menem en 1989, Menem a De la Rúa en 1999, Cristina a Macri en 2015 y Macri a Alberto en 2019). El kirchnerismo, que exploró caminos autoritarios y sintonizó con regímenes autocráticos, especialmente entre 2011 y 2013, nunca dejó de reconocer rápidamente las batallas perdidas: cayó electoralmente en 2009, 2013, 2015, 2017 y 2021. En cuatro de esas ocasiones, estaba en el gobierno, controlando los resortes del Estado, y jamás recibió denuncias de fraude.

Es por eso que resultan llamativas las insinuaciones sobre trampas electorales que viene comentando Milei en las últimas semanas. El objetivo parece ser sembrar dudas entre la población sobre el resultado electoral, lo que tiene antecedentes ya conocidos en Estados Unidos con Trump (con el asalto al Capitolio) y en Brasil con Bolsonaro. Esta semana La Libertad Avanza hizo una denuncia en la Justicia en la que advirtió sobre un “fraude colosal” en marcha. Pero finalmente, el viernes, citado por el tribunal con competencia electoral, el abogado Santiago Viola, representante de la fuerza, dio marcha atrás y dijo que la presentación solo buscaba “que se extremen los recaudos” y admitió que se basaban en comentarios en redes sociales, sin aportar pruebas.

Como publicó Clarín en su editorial del pasado viernes, siempre es bueno tener en cuenta que el proceso electoral está en manos de las autoridades de mesa, que son ciudadanos sin filiación partidaria: desde el chequeo de la identidad de los electores hasta el conteo de votos y la confección de telegramas son hechos por vecinos de a pie que asumen esa responsabilidad. Gracias a ellos, a la fiscalización de los partidos políticos, a delegaciones de veedores internacionales y al rol del periodismo, funciona este sistema que hasta ahora ha arrojado resultados incuestionables. Ante esto, podemos aplicar la máxima futbolera que indica que “equipo que gana no se toca”.

Incluso con la incertidumbre que no podemos evitar, hagamos nuestra parte y tengamos la fiesta en paz.

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