El Gobierno de Javier Milei se caracterizó en su primer año de gestión por la sensación de que muchos funcionarios se sentaban sobre una “silla eléctrica”. Un error, un desacuerdo, una frase equivocada o una mínima decisión que se desviara de la línea trazada por el Presidente y su hermana significaban un despido inmediato. Los periodistas se dedicaban a contabilizar las salidas de los integrantes de la planta política: hasta agosto de 2024 eran 51 los renunciados o despedidos. El viernes se sumó uno más, el titular de la Sindicatura General de la Nación, que sobrevivía luego de otro despido, el de su “padrino”, el ex jefe de Gabinete Nicolás Posse.
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Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).
Un caso paradigmático fue el de Julio Garro, que era secretario de Deportes hasta que opinó en contra de los cánticos con tintes racistas con los que celebró la Selección Argentina la obtención de la Copa América en 2024. Lo echaron con un comunicado del Gobierno: “Ningún funcionario puede decirle qué comentar, qué pensar o qué hacer a la Selección argentina Campeona del Mundo y Bicampeona de América, ni a ningún otro ciudadano. Por esta razón, Garro deja de ser subsecretario de Deportes de la Nación”.
En un gobierno con esa “mano dura implacable” más que los despidos lo que llama la atención son los que salen impunes. La licitación del Estado de 3.933 millones de pesos (tres millones de dólares) que ganó la empresa Tech Security, perteneciente a la familia Menem, no ameritó ningún castigo para el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, que es uno de los hombres de confianza de Karina Milei e integró el directorio de la firma hasta antes de asumir su banca. Sus hermanos Fernando y Eduardo, también cercanos a la hermana del Presidente, siguen controlando la empresa, que ganó la licitación en el Banco Nación, el cual el oficialismo decía que pretendía privatizar.
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Así que, al estilo de Lázaro Báez o Cristóbal López, los Menem habrían usado su acceso al poder para quedarse con una licitación millonaria en el Estado. Y, al menos hasta este viernes, en el Gobierno nadie se espanta. Qué bueno sería que el Presidente que llegó al poder enarbolando la motosierra y la lucha contra “la casta” tomara alguna medida para frenar la sospecha de que en realidad la corrupción no le molesta cuando la ejercen sus amigos o aliados.
Es una intuición muy fundada a partir del escándalo por la estafa con la criptomoneda Libra que promocionó desde sus redes sociales. Y ya tenía un antecedente cuando se dio a conocer que Cristian Ritondo posee una cantidad de propiedades en Miami imposible de explicar con sus ingresos como funcionario; la reacción del Presidente fue expresarle su solidaridad y ahora vemos a Ritondo incorporado a La Libertad Avanza.
Milei no muestra ningún esfuerzo en retener la bandera de la honestidad y la rectitud moral que podían diferenciarlo de la percepción generalizada que hay sobre la clase política. En ese aspecto, parece estar dispuesto a confirmarle a la sociedad que la revolución contra “la casta” era solo un slogan de campaña, y que en el plano ético es “más de lo mismo”.

