A pocos días de la muerte de Arnaldo Tomás del Valle Thomas, el vecino de El Jagüel que estudiaba Periodismo en la UNLZ para combatir el avance del Alzheimer, su familia todavía intenta asimilar la ausencia. Sus cinco hijos, tres biológicos y dos del corazón, y Rosa Mastrangelo, su compañera durante casi 50 años, lo recuerdan más allá de su historia pública: como padre, esposo, amigo y como un hombre que siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás.
El recuerdo de la familia de Tomás Thomas, un luchador de El Jagüel apasionado por la radio
Sus hijos y su esposa lo recuerdan como un hombre generoso, inquieto y perseverante, que hizo de su casa un refugio para otros y que nunca dejó de aprender.
Antes de comenzar la carrera había estudiado Periodismo y terminado la escuela secundaria mediante el Plan FINES. Luego se anotó en la Licenciatura en Periodismo de la UNLZ. Además de sus estudios universitarios, Thomas mantenía una relación con la radio. Desde 2011 se desempeñaba en FM Social 93.5 y también realizaba coberturas de peleas de boxeo para la Federación Argentina de Boxeo (FAB).
Jesica Thomas, una de sus hijas, asegura que una de las características que mejor definían a su padre era su generosidad. Tomás siempre ponía a los demás por delante de él mismo y eso también se reflejaba en su casa: "siempre fue un lugar de refugio, no solamente para nosotros, sino para muchísima gente que por algún u otro motivo no tenía a dónde vivir, no tenía a dónde estar”. Por allí pasaron familiares, hijos de amigos y personas que necesitaban ayuda. “Él siempre recibió a todo el mundo en su casa por el tiempo en que la gente necesitara levantarse. Ese era papá”, resumió.
Jesica también lo definió como un hombre fuerte y perseverante. “No había un muro que se pusiera adelante del que él no pudiera saltar”, sostuvo. Y recordó que, aunque tenía pocas cosas para sí mismo, siempre encontraba la manera de compartirlas. “Él siempre era el último, tenía las peores zapatillas, las medias más rotas, pero siempre cuidaba a la familia”, relató.
“Era su esencia: no podía parar un minuto”
Andrea Schiliro, una de las hijas del corazón de Tomás, destacó el espíritu inquieto que lo acompañó durante toda su vida, especialmente en sus últimos años. Fue ese impulso el que lo llevó a terminar el secundario de adulto, estudiar Periodismo, trabajar en una radio de El Jagüel y mantenerse activo incluso después de quedar oxígeno dependiente.
“Mi papá siempre fue una persona muy activa, entonces andaba, ahí iba, venía, ahí iba, venía”, recordó Andrea. Después del COVID, cuando quedó limitado por su dependencia del oxígeno, consiguió una mochila y volvió a salir para estudiar, hacer programas de radio y vender las publicidades de la emisora. Para Andrea, esa necesidad de mantenerse en movimiento no era algo que Tomás pudiera elegir: “Era su esencia. El hecho de no parar un minuto. Cuando se sentía mal y tenía que quedar en cama, era como si le hubieras cortado la pierna”.
También destacó su capacidad para aprender y adaptarse. “Era una persona que realmente investigaba, investigaba, investigaba lo que le interesaba. Él lo tenía que saber a fondo”, contó. En sus últimos tiempos, cuando ya no tenía voz, llegó incluso a hacer sus programas de radio utilizando una voz generada con inteligencia artificial. Para Andrea, ese dato resume la personalidad de su padre: “Era una persona que investigaba y se metía y aprendía y lo dominaba”.
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"Seguís siendo muy linda, cuidate"
Rosa Mastrangelo conoció a Tomás cuando ambos eran jóvenes. Ella venía de una separación y tenía dos hijas pequeñas. Por entonces, Tomás vivía en Capital Federal y sus familias ya se conocían. Al principio apenas cruzaban algunas miradas. Hasta que un día, mientras Rosa estaba en el patio, Tomás se acercó y le preguntó: “¿Tenés ganas de caminar?”. Fue la primera vez que hablaron.
Salieron desde Almagro y caminaron hasta la Costanera. Con el tiempo, pese a algunos conflictos familiares que se oponían a la relación, decidieron comenzar una vida juntos. “Así nos fuimos a vivir juntos el 31 de mayo del año 77”, recordó Rosa.
Desde entonces permanecieron juntos hasta la muerte de Tomás. Ella recordó que alguna vez él le había contado que, cuando era chico, le habían leído las manos y le habían dicho que no moriría hasta los 87 años. Como Rosa era cinco años mayor, pensaba que todavía les quedaba mucho tiempo. “Eso es lo único que me duele, que no cumplió. Porque si bien me dejó con los hijos, a la noche la cama está sola”, expresó.
Durante los últimos años, la enfermedad obligó a la pareja a dormir en camas separadas porque Tomás tenía dificultades para respirar. Sin embargo, él todavía buscaba la mano de Rosa durante la noche. “Él estiraba la mano y me agarraba la mano de mi cama. Y ahora hace dos noches que yo estiro la mano y él no está”, contó.
Rosa también recordó el último momento que compartieron. Dos días antes de su muerte, ella tomó la mano de Tomás y él intentó alcanzar la de ella con la otra. “Seguis siendo muy linda, cuidate”, le dijo. “Ese fue su despedida”, recordó Rosa.





