El Gobierno de España busca ponerse al frente de la lucha contra el acceso de los menores a las redes sociales. El presidente Pedro Sánchez anunció esta semana la decisión de prohibir el ingreso a las plataformas a los menores de 16 años. Y lo implementarían con un sistema de verificación de edad que no podría burlarse, al menos tan fácilmente como se ha podido hacer a lo largo de toda la historia de Internet. Las plataformas estarán obligadas a garantizarlo.
España prohíbe las redes para menores de 16 años: ¿Funcionaría en la Argentina?
El gobierno español impulsa prohibir el acceso a menores de 16 años y responsabilizar a las plataformas. En la Argentina, una medida similar no está en agenda y expone diferencias políticas y tecnológicas.
La de España no es una medida solitaria. Australia y Francia ya tienen en vigor restricciones similares, con la edad de 15 años. Pero la iniciativa española va un paso más allá al buscar que las empresas propietarias de las redes sociales sean responsables ante la ley y la sociedad por lo que ocurre en sus entornos.
El paquete del gobierno socialista apunta también a tipificar como delito la manipulación de los algoritmos y la amplificación de contenido ilegal a cambio de beneficios. Además, crearán un sistema de rastreo, cuantificación y trazabilidad que permita establecer una “huella de odio y polarización” para que “difundir odio tenga un coste legal y económico”.
Entre los argumentos de los expertos que están a favor de la medida, figuran que los jóvenes antes de los 16 años no tienen la madurez para calibrar los riesgos de las redes, las cuales reducen su capacidad de concentración y atención y provocan estrés digital. La exposición a entornos donde no hay regulación de los contenidos conlleva peligros para la privacidad, la autoimagen y la violencia.
Quienes se muestran en contra esbozan sus dudas sobre la factibilidad de que sea verificable la edad de los usuarios y marcan que el entorno digital no es un mundo paralelo sino una dimensión inseparable de la vida “real” de adolescentes y jóvenes. Sostienen que el mundo digital también ofrece oportunidades para el crecimiento personal y que con la prohibición se evita dotarlos de herramientas para un uso adecuado de ellas.
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Para el presidente socialista Pedro Sánchez también es una política que le ganó sentarse a una discusión internacional nada menos que con Elon Musk, el magnate dueño de Tesla y la red social X, muy cercano al presidente Donald Trump. “El sucio Sánchez es un tirano y traidor al pueblo de España”, le dedicó Musk en un post de la red social que le pertenece. Y luego lo llamó “un verdadero fascista totalitario”. Otro que se sumó a los ataques es el dueño de Telegram, el ruso Pavel Durov. Sánchez respondió a través de X con una frase que hace referencia al Quijote, la obra cumbre de la literatura española: “Deja que los tecno-oligarcas ladren, Sancho, es un señal de que cabalgamos”.
¿Puede Argentina iniciar un camino similar? En el corto plazo, no parecería que haya motivaciones. España puede intentar esta prohibición luego de haber desarrollado una aplicación móvil que permite verificar la mayoría de edad de forma anónima y sin revelar datos personales, garantizando la privacidad. En Argentina se debería trabajar para desarrollar una herramienta similar. Pero, de todas formas, no está en agenda ni forma parte de la plataforma de ideas del Presidente Javier Milei, que, por caso, tiene una relación cercana con Elon Musk.
El impacto de las redes sociales en los más chicos
En un contexto donde el uso del celular y, especialmente, de las redes sociales aparece cada vez a edades más tempranas, la provincia de Buenos Aires comenzó a debatir un proyecto de ley que busca establecer límites claros. La iniciativa propone fijar una edad mínima para el acceso a estas plataformas y reabre una discusión que atraviesa a familias, escuelas, profesionales de la salud y al propio Estado. ¿Se trata de una prohibición o de una estrategia de cuidado?
Desde la psiquiatría, la mirada apunta a hacer una distinción clave. “El proyecto no plantea prohibir los celulares”, aclara Liliana Hepner, psiquiatra de Canning, en diálogo con El Diario Sur. Un teléfono puede cumplir múltiples funciones positivas —comunicación, estudio, acceso a información— que no implican un riesgo en sí mismas, plantea. El foco del debate está puesto específicamente en las redes sociales y en las dinámicas que estas introducen.
Plataformas como Instagram, TikTok o X exponen a niños y niñas a procesos de comparación constante, búsqueda de validación, exposición pública y contacto con contenidos que no siempre son adecuados para edades tempranas. “Esta diferencia es central para comprender el alcance real de la iniciativa”, señala Hepner.
Desde la salud mental, el acceso precoz a redes sociales plantea interrogantes profundos. La infancia es una etapa en la que se están construyendo la identidad, la autoestima y las habilidades para regular las emociones. “La exposición temprana a estímulos intensos, opiniones externas y modelos irreales puede generar efectos que no siempre son visibles de manera inmediata, pero que impactan en el desarrollo emocional”, asegura la médica.
“No se trata de demonizar la tecnología ni de prohibir por prohibir”, subraya la psiquiatra. El verdadero desafío es preguntarnos si los chicos están preparados para determinadas experiencias digitales y si los adultos estamos ofreciendo el acompañamiento necesario. En ese sentido, pensar límites también es una forma de cuidado y prevención.
El proyecto presentado en la Legislatura bonaerense propone establecer los 13 años como edad mínima para el acceso y uso de redes sociales. La iniciativa busca impedir que niños y niñas menores de esa edad puedan registrarse y mantener cuentas activas en plataformas como Instagram, TikTok, Facebook, X o YouTube.
Se trata de un proyecto que aún se encuentra en etapa de debate y que no constituye una ley vigente. Uno de sus puntos centrales es que la responsabilidad de controlar la edad de los usuarios recaiga en las propias plataformas digitales, que deberían implementar mecanismos de verificación efectivos, más allá de la simple declaración del usuario al momento de registrarse.
Más allá de si este proyecto avanza o no, la discusión instala una conversación necesaria: el lugar que ocupa la tecnología en la vida cotidiana de niños y niñas y el rol que deben asumir el Estado, las plataformas y las familias en el cuidado de la salud mental de las nuevas generaciones.
La preocupación de los padres ante el uso del celular de sus hijos: "Pantalla cero"
El uso del celular por parte de niños y niñas crece de manera sostenida y se instala como una de las principales preocupaciones de madres y padres, incluso desde edades muy tempranas. Más allá de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, muchas familias de la Zona Sur del Conurbano bonaerense buscan administrar los tiempos de exposición y establecer límites claros, especialmente cuando los chicos comienzan a dar sus primeros pasos en el mundo de las pantallas.
“Nosotros tratamos de acercarnos lo más posible a la idea de pantalla cero, dentro de nuestras posibilidades”, cuenta Jorge, vecino de Burzaco, en diálogo con El Diario Sur. La referencia es para su hija de dos años, que todavía no utiliza el celular. En ese sentido, aclara que su principal preocupación está puesta en el teléfono móvil y no tanto en otros dispositivos.
“Es cierto que termina viendo televisión casi todos los días, pero evitamos el celular para que vea dibujitos o películas”, explica. La decisión, señala, responde a una estrategia pensada a largo plazo. “Todavía no lo demanda, pero sabemos que en algún momento va a pasar. Ahí veremos cómo administramos los tiempos, pero nuestra idea es esa”, agrega.
Una mirada similar comparte Laura, vecina de Luis Guillón, cuyo hijo está próximo a ingresar al jardín y recién comienza a mostrar interés por las pantallas. En su caso, la familia optó por establecer reglas claras desde el inicio. “Fuimos claros desde el principio y le dijimos que el celular es de mamá o de papá, y que él no lo usa”, relata.
La explicación, dice, fue sencilla y directa. “Le explicamos que los teléfonos son para los grandes, que los chicos no usan celular”, cuenta. Para Laura, este criterio tiene un objetivo concreto: evitar que el dispositivo se convierta en una herramienta asociada a premios o castigos. “Con eso pretendemos que no esté ligado a la lógica de portarse bien o mal para que le den o no el teléfono”, remarca.
Además de la cuestión del tiempo, las familias señalan diferencias claras entre el celular y otras pantallas. Laura puntualiza algunos de los motivos por los cuales prefiere evitarlo. “Con la tele o la computadora podés trabajar de otra manera las distancias, que no esté mirando algo muy chico de cerca”, explica.
“Las pantallas grandes permiten sentarlos más lejos, no tienen que concentrar tanto la vista. En cambio, con el celular en la mano, con el dedo van marcando y aparecen cosas todo el tiempo, y ahí no tenés mucho control”, describe. A esa diferencia suma un elemento clave: la inmediatez. “Con la tele esa inmediatez no existe y hay un poco más de control sobre lo que están viendo”, completa.
Entre decisiones cotidianas, dudas y estrategias caseras, las experiencias se repiten en distintos puntos de la región. En un contexto donde el debate sobre el uso de pantallas en la infancia gana cada vez más espacio, muchas familias de la Zona Sur buscan, a su manera, encontrar un equilibrio entre acompañar y poner límites.
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