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Vecina de San Vicente cara a cara con el "entregador" de su padre desaparecido: "Fue muy impactante"

Analía Fernández tenía dos años cuando su papá, Francisco, fue secuestrado dentro de la planta de Avellaneda. Cincuenta años después, declaró junto a su mamá.

Analía Fernández, vecina de San Vicente y referente de la agrupación HIJOS, tenía apenas dos años cuando su papá, Francisco, fue secuestrado dentro de la planta de Molinos Río de la Plata en Avellaneda. Cincuenta años después, comenzó el juicio oral por su desaparición. En las primeras audiencias ya declararon ella y su mamá, en una causa que tiene 32 testigos y al ex jefe de personal de la fábrica, Emilio Parodi, como acusado de "entregador".

Francisco tenía 27 años, era obrero de Molinos y militaba en la Juventud Peronista. Había comenzado a trabajar en la fábrica en 1973 y, con el tiempo, también se involucró en los reclamos de los trabajadores por las condiciones laborales. Con el comienzo de la dictadura, los obreros activistas y delegados comenzaron a ser perseguidos. Según contó a El Diario Sur Analía, Francisco salió una mañana de su casa para ingresar a la planta a las 6. Sus compañeros marcaron sus fichas de ingreso, pero la de él no apareció. Fue apartado junto a otros dos trabajadores y los tres fueron secuestrados.

“De ahí se lo llevan y desde ese momento nunca más supimos nada de él, ni en qué centro clandestino estuvo, si estuvo en una comisaría, qué recorrido hizo, qué le pasó. Sigue siendo tan desaparecido como en el 76”, sostuvo Analía.

Francisco tenía 27 años, era obrero de Molinos y militaba en la Juventud Peronista.

Francisco tenía 27 años, era obrero de Molinos y militaba en la Juventud Peronista.

El acusado y un encuentro después de décadas

En la causa está imputado el jefe de Personal de Molinos. Según los testimonios reunidos durante la investigación, distintos trabajadores lo señalaron como responsable de identificar a los obreros perseguidos y entregarlos. El hombre, que actualmente tiene 85 años, cumple prisión domiciliaria por esta causa.

Analía contó que verlo personalmente durante una de las primeras audiencias fue un momento muy fuerte. “Fue muy impactante para mí. Lo tenía a un metro mío. En ningún momento me miró, se sentó para hablar con los jueces, se negó a declarar y se mantuvo apartado”, relató.

El juicio llegó después de años de búsqueda. “Fueron 13 años desde que empezamos con la causa. En realidad empezamos a buscar a los testigos mucho antes, pero hasta que logramos armar la causa fue en 2013 y, por fin, tenemos un imputado”, señaló.

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Una familia marcada por la desaparición

Cuando Francisco desapareció, su esposa quedó sola con tres hijos pequeños. Analía tenía dos años y sus hermanos, cuatro y cinco. La familia vivía en una casa precaria alquilada en el barrio La Yaya de Guernica. “Mi mamá se quedó sola con nosotros, salía a buscar trabajo y a buscar a mi papá. En ese momento era eso: salir a preguntar a dónde podía ir a buscarlo”, recordó.

Analía no tiene recuerdos de su padre, pero comenzó a reconstruir su historia cuando tenía poco más de 20 años. Durante años buscó a sus antiguos compañeros en actos, escuelas y distintos espacios, hasta encontrar testigos que hoy forman parte de la causa. “Crecimos los tres, cada uno como pudo, con su dolor, llevándolo como pudo, y la única de la familia que empezó esta búsqueda de justicia fui yo”, sostuvo.

Francisco tendría hoy 77 años. Para Analía, una de las cuestiones más dolorosas es que el acusado tenga actualmente la posibilidad de sentarse frente a los jueces y decidir si declara, mientras que su padre fue privado de esa posibilidad.

Analía no tiene recuerdos de su padre, pero comenzó a reconstruir su historia cuando tenía poco más de 20 años.

Analía no tiene recuerdos de su padre, pero comenzó a reconstruir su historia cuando tenía poco más de 20 años.

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El pedido para encontrar nuevos testigos

Mientras avanza el juicio, Analía continúa buscando información sobre el destino de su papá y de otros trabajadores desaparecidos de Molinos. En particular, pidió ayuda a excolimbas que hayan realizado el servicio militar entre 1973 y los años 80. La intención es encontrar personas que puedan haber visto, escuchado o conocido algún dato relacionado con los lugares donde estuvieron detenidas las víctimas.

“Por más chiquitito que parezca, siempre es un aporte y es una pieza para el rompecabezas que tratamos de armar en los casos de lesa humanidad”, explicó. Después de cinco décadas, la familia de Francisco todavía no sabe dónde estuvo detenido ni qué ocurrió con él. Ahora, su historia comenzó a ser reconstruida en un tribunal, en un juicio que Analía esperó durante gran parte de su vida.

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