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Algo más que el primer mostrador del Estado

Por Manuel Nieto. Debajo de la superficie, la Cumbre de Mercociudades fue fundamentalmente una oportunidad de interacciones entre líderes políticos, funcionarios, técnicos, comunicadores y referentes sociales.

Esta semana se desarrolló en Esteban Echeverría la XXVI Cumbre de Mercociudades, una red de más de 360 gobiernos locales que apunta al intercambio de experiencias de gestión para tratar de encontrar soluciones a problemas comunes.

En ese marco, durante cuatro jornadas, pasaron por diferentes espacios de Monte Grande intendentes, alcaldes, jefes de gobierno y funcionarios de ciudades argentinas, brasileñas, uruguayas y paraguayas, entre otros países de América Latina. En el nivel técnico, se desarrollaron reuniones sobre los 16 ejes temáticos que tiene la red (economía, negocios, medioambiente, educación, entre otros). En el nivel político, el histórico intendente de Tandil, el médico radical Miguel Lunghi, le entregó el mando de la presidencia de la red a Fernando Gray, anfitrión en Esteban Echeverría, para que ejerza su mandato hasta diciembre de 2022. También quedó definido que el siguiente período estará a cargo de Montevideo, cuya intendenta, Carolina Cosse, participó de forma presencial en la cumbre.

Por debajo de la superficie, la Cumbre fue fundamentalmente una oportunidad de interacciones entre líderes políticos, funcionarios, técnicos, comunicadores y referentes sociales. El lema de esta edición fue “Los gobiernos locales siempre estamos”, a tono con las dificultades atravesadas durante la pandemia, que en toda América Latina reforzaron la sensación de los municipios o alcaldías como mucho más que “el primer mostrador del Estado”.

Los brotes, saturaciones y eventuales colapsos de los sistemas de salud se dieron siempre local o regionalmente, no en el nivel nacional. Antes y durante cada situación de crisis, la responsabilidad estuvo puesta en los líderes políticos de las ciudades, que debieron administrar recursos escasos, y tomar decisiones de alto impacto económico, como lo fueron los cierres (y aperturas) de actividades para controlar contagios.

El desahogo por las penurias sufridas con la pandemia fue uno de los principales tópicos de las charlas oficiales y extraoficiales que se dieron en la Cumbre. Para muchos funcionarios, el de esta semana era el primer viaje fuera de sus ciudades o países luego de más de un año y medio de foco extremo en la situación local ante los vaivenes del coronavirus. También significaba la primera reunión de este tipo presencial, sin el fastidio del Zoom, aunque también hubo delegaciones que se sumaron por la vía virtual.

“Por suerte el contacto humano es insistituíble”, decía con el tono afable charrúa la intendenta de Montevideo. “El Zoom ayudó a sostener muchas cosas, entre ellas las redes internacionales, pero nunca es lo mismo tener la posibilidad de hacer interrupciones en las discusiones, de continuar las charlas en otros espacios”, completaba, mate en mano.

Líderes locales de Brasil y Ecuador se sumaban al mismo concepto y destacaban la utilidad de conocer y entender problemas que ciudades distintas pueden ser similares. “Hay problemas estructurales como los de transporte, educación, medioambiente, que son parecidos. Y la búsqueda de soluciones es mejor en conjunto”, afirmaba Ari Vanazzi, intendente de São Leopoldo, una ciudad cercana a Porto Alegre. “Tenemos problemas similares, que con creatividad y resiliencia podemos resolver”, sostenía Alexandro Tonello, viceprefecto de Pichincha, Ecuador.

Por su parte, Fernando Gray, que se mantuvo hiperactivo durante todo el congreso, se ilusionaba con afianzar relaciones con organismos de crédito internacional como el Banco Interamericano de Desarrollo, la Corporación Andina de Fomento y el Banco Mundial para financiar obras en las ciudades de la región, especialmente en Esteban Echeverría.

El pediatra tandilense Miguel Lunghi, que dos fines de semana atrás tuvo en su ciudad el record de la fabricación del salame más largo del mundo, despotricaba contra los laboratorios por su rol durante la pandemia y se lamentaba porque su presidencia de Mercociudades estuvo marcada por los Zoom. Sobre su rol de intendente en un “pueblo” hace 18 años, reflejaba: “La gente me apoya porque siempre estoy. A veces me golpean la puerta de mi casa para preguntarme por trámites de la municipalidad o para acercarme papeles porque les queda más cómodo”.

Lejos de ese folklore por la diferencia de escala, los “mini gobernadores” del conurbano bonaerense, tanto del peronismo como de Juntos, demostraron en la pandemia y en las últimas elecciones su rol protagónico en la vida del país. Así, recientemente avanzaron sobre ministerios y organismos nacionales y provinciales. Todo indica que se trata del comienzo de una nueva etapa, con mayor injerencia del territorio y los gobiernos locales. Puede ser una buena noticia.

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