editorial

Brindo por las mujeres que no piden permiso

Cuando dejamos de evaluar la capacidad individual para cumplir con los cupos, estamos degradando las instituciones, sea cual sea. El enorme riesgo es que la sociedad machista "cumpla" con la cuota y ya. Por Ricardo Varela

Brindo por las mujeres que no piden permiso
El Diario Sur

En distintas oportunidades del debate en torno a "género" fijé posición: las normas que establecen cupos (femeninos, trans, etc.) son discriminatorias, y cada una/uno de las/los alcanzados por los supuestos beneficios no tendrían (en mi modesto entender) nada para festejar.

Cuando dejamos de evaluar la capacidad individual para cumplir con los cupos, estamos degradando las instituciones, sea cual sea. Habla de una sociedad inmadura que necesita leyes, no solo para aceptar las diferencias sino también para igualar las posibilidades laborales de sus habitantes.

El caso sería distinto si esto fuera un proceso para desarticular el machismo crónico argento, y se entendiera que solo con "una ley" podría lograrse. El tema es que la argentinidad y el apego a las leyes nunca fueron buenos amigos. ¿Acaso hubo menos femicidios cuando se duplicaron las penas para los feminicidas? No, peor aún, sucedió lo contrario. ¿Alcanza con haber logrado instalar bajo el concepto "femicidio" a lo que algunos medios llamaban "crimen pasional"? No, siempre se tratará de un asesino que mata y de una víctima que muere.

Creo firmemente en que la responsabilidad de la hora nos exige cambiar desde la cuna, desde la primerísima infancia, desde la escolarización y la educación de las familias: el desafío es educar en tolerancia y diversidad. Donde no importe el género y sí los valores, donde los puestos laborales sean accesibles a cualquiera independientemente de cómo se autoperciba.

Fijar un cupo hace para las y los alcanzados un techo. ¿Por qué no tener más diputadas que diputados si las elige el voto popular? ¿Por qué no tener directorios de empresas conducidos mayoritariamente por mujeres o trans si son mejores? El enorme riesgo es que la sociedad machista "cumpla" con la cuota y ya. Y que algo cambie, para en realidad no cambiar.

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Esta semana se sancionó la ley de equidad en los medios de comunicación. Según su artículo 1 se busca "promover la equidad en la representación de los géneros desde una perspectiva de diversidad sexual en los servicios de comunicación, cualquiera sea la plataforma utilizada". El término "equidad" se entiende como igualdad real de derechos, oportunidades y trato de las personas para el acceso y permanencia en los puestos de trabajo. "La propuesta no es que haya únicamente más mujeres en los medios sino que haya más diversidad, más pluralidad. Que haya más indígenas, más negras, más villeras, más marrones, más gordas, más lesbianas, travestis, trans", afirmó Florencia Alcaraz directora de LatFem (un medio que se autodefine como "feminista") y una de las principales impulsoras de la nueva ley. Florencia nunca habló de las aptitudes profesionales de esas indígenas, negras, villeras, marrones, gordas, lesbianas, travestis ni trans...

La nueva ley alcanza a todas las plataformas digitales y a los medios tradicionales, y atiende a los prestadores de gestión estatal y de gestión privada por igual. Sin embargo, el régimen es obligatorio sólo para los medios públicos en todos los estratos de la planta del personal. Además, garantiza la representación de personas transgénero, transexuales, travestis e intersex en un 1% de cada planta. De no hacerlo, tendrán una sanción que podrá ser tanto un llamado de atención como una percibimiento.

En el caso de los medios privados, el cumplimento de los porcentajes no es obligatorio. Se promueve que adopten las disposiciones de la ley y quienes demuestren haberlas implementado, tendrán una certificación y preferencia para la asignación de publicidad oficial. Esto convierte al Estado en fiscal para asignarle (o no) fondos públicos a los medios de comunicación privados. Los medios deberán demostrar progresos en materia de equidad con al menos cuatro de las siguientes acciones: procesos de selección de personal fundados en la equidad; políticas de inclusión laboral con perspectiva de género; capacitaciones en género y comunicación; acciones de apoyo a la distribución de las tareas de cuidado; disposición de salas de lactancia y guarderías; promoción del lenguaje inclusivo y creación de protocolos de prevención de la violencia laboral y de género.

Brindo por Mercedes Sosa, Cecilia Grierson (la primera médica y enfermera argentina), Evita, Juana Azurduy, Victoria Ocampo, Aimé Paine, Victoria Ocampo, Alfonsina Storni, todas y cada una de las madres y abuelas de Plaza de Mayo, Alicia Moreau de Justo, Tita Merello, y por las miles de mujeres anónimas que se abrieron (abren y abrirán) paso sin pedir permiso, ni ampararse en una norma que las limita mientras dice reconocerlas.

Buena semana.