Columnista | Editorial | Ricardo Varela | Argentina

Ahora que habemus Mundial, ¿las viandas para cuándo?

Ricardo Varela.

La FIFA detalló el ranking de países de mayor demanda de entradas para el Mundial de Qatar que empieza a mediados del mes que viene. Los locales son obviamente quienes compraron más tickets, mientras que los Estados Unidos e Inglaterra completan el podio. Para sorpresa de algunos, la Argentina se encuentra al tope de los países que más entradas compraron en Sudamérica, en 8 puesto del global, por encima de Brasil y Alemania.

El gobierno puso un ojo en el Mundial fijando un nuevo tipo de dólar (el dólar Qatar) a 300 pesos para darle previsibilidad a las operaciones de las agencias turísticas y las aerolíneas. Pero también prometió poner los dos ojos en la nómina de pasajeros, y en escrutar quirúrgicamente sus gastos con tarjeta de crédito y débito...

¿Cómo se explica ésta situación en el contexto general de la economía nacional? Difícil. Sin dudas no se trata de una cuestión futbolística, ni del último tren de Messi para alzarse con el título que le falta. Somos indescriptibles, indescifrables e ¿incorregibles?

Otro dato que nos describe bastante bien es que somos el primer país en comprar y vender entradas en la “bolsa de reventa” de entradas. A vivos, no nos gana nadie.

Las entradas convencionales para la Copa del Mundo tienen un precio que va desde los 250 a los 5.850 dólares para turistas extranjeros (a Qatar), según la instancia de competencia que se elija. En la reventa los valores se pueden duplicar para la primera fase, triplicar para 8vos y 4tos de final, y quintuplicar para semifinales, tercer y cuarto puesto y final. Comprar en la Argentina un paquete con entradas Categoría 3 para la primera ronda (3 partidos), cuesta u$s15.059, es decir: $3.794.870 al "dólar turista o tarjeta" (según el cierre del viernes).

¿Cuál es la situación nacional a la que nos referimos antes?

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) dio a conocer esta semana el índice de pobreza en todo el país: 36,5% al cierre del primer semestre de 2022. En tanto, el nivel de indigencia se ubicó en 8,8%. Esto es: hay 17.300.000 de personas en situación de pobreza en la Argentina y 4.200.000 personas en situación de indigencia. La estadística entiende por pobres a aquellos que no pueden satisfacer sus necesidades básicas. Y se consideran hogares con NBI (necesidades básicas insatisfechas) aquellos en los cuales está presente al menos uno de los siguientes indicadores de privación: aquellos que habitan viviendas con más de 3 personas por cuarto (hacinamiento crítico); los que habitan en una vivienda de tipo inconveniente (pieza de inquilinato, vivienda precaria u otro tipo); los que habitan en viviendas que no tienen baño o tienen retrete sin descarga de agua; los hogares que tienen algún niño en edad escolar que no asiste a la escuela; los hogares que tienen 4 o más personas por miembro ocupado (con trabajo) y en los cuales el jefe/jefa de familia tiene bajo nivel de educación (que sólo asistió a dos años o menos al nivel primario). Los 4.200.000 indigentes son personas a las que no les alcanza para comer...

¿Entonces? Con este mapa de realidad, ¿vamos masivamente al Mundial? ¿Por encima de brasileños y alemanes?

Como de los alemanes estamos demasiado lejos elegí “mirarnos” respecto de Brasil.

Ellos son algo más de 212 millones de habitantes (versus nuestros 46), distribuidos en una superficie que casi triplica la de la Argentina. Este año proyectan una inflación anual del 8.8% versus el 78.5% local. Con un pro-medio de 6400 dólares per cápita de PBI, son la 9na economía del mundo, con un crecimiento proyectado a diciembre de 2022 del 3.6% versus el 1.9% nuestro.

Las estadísticas son demoledoras y contundentes. Lo único que podría explicar porque habrá más argentinos que brasileños en el Mundial es porque el sueldo mínimo promedio en dólares en la Argentina es de 348 mientras que en Brasil asciende a 286. ¿Da para volver a cantarles el “decime qué se siente”...?

La otra explicación que se me ocurre es que nuestra situación haga que quien “pueda” pague para ir y ya, sin importarle el mediano y largo plazo. Básicamente porque no tenemos nunca mediano y largo plazo, ni previsibilidad. Vamos construyendo en barco mientras navegamos.

Mientras tanto, algunos alumnos secundarios porteños decidieron la toma de sus escuelas (14 al cierre de ésta edición) reclamando que les entreguen viandas y desactivar el proyecto del ejecutivo porteño de implementar prácticas laborales no rentadas para los alumnos del último año. Todo sucede frente a las cámaras de tv, blandiendo sus iPhone y sus S22.

Buena semana.

Leé también: Lomas: buscan a un hombre que asesinó a un joven

Dejá tu comentario