Justifico el “histórico” del título -un adjetivo del que los periodistas abusamos- no por el resultado sino porque fueron las primeras elecciones provinciales separadas de las nacionales de nuestra generación. El artífice de ese invento fue también el gran ganador del domingo, la figura de la fecha: el gobernador Axel Kicillof. Tuvo el coraje de plantarse ante Cristina y La Cámpora, que le decían que era suicida separar los comicios, y le salió bien. Se apalancó en las gestiones y capacidad de movilización de los intendentes propios para obtener un triunfo holgado, como hacía rato no tenía el peronismo en elecciones intermedias. Le corresponde una parte del mérito (o culpa) de que se esté dejando de identificar al PJ con el kirchnerismo para volver a llamarlo peronismo. Si quiere ser un presidenciable con chances reales, no le va alcanzar con mostrar su gestión en la provincia o con no tener causas judiciales. Tendrá el desafío de demostrar que es capaz de salir del dogmatismo de su pensamiento económico y tener diálogo con sectores que estén por fuera del universo “nacional y popular”.
Los intendentes, en especial los del conurbano, fueron actores claves para la victoria del peronismo. De hecho, el Gobierno de Milei intentó explicar que la derrota se debía exclusivamente al “aparato” del PJ. No es cierto, no fue el único factor: los errores propios de La Libertad Avanza y la economía mileista jugaron también un rol importante. Pero, en cualquier caso, los jefes comunales exhibieron que pueden “traccionar” votos desde abajo, en campañas en las que trabajaron con figuras locales, sin dirigentes nacionales de los que salen en la tele.
Si el triunfo del peronismo estuvo apalancado en el gobernador y los intendentes… qué desdibujada quedó la lista de diputados bonaerenses que elaboró el PJ para las elecciones nacionales de octubre. Esa nómina, que encabeza Jorge Taiana, no tiene representación de los intendentes y apenas algunos nombres ligados a Kicillof. Ni una banca para los distritos que ponen cientos de miles de votos, como La Matanza o Lomas de Zamora. No hay incentivos para que los intendentes vuelvan a movilizarse el 27 de octubre como lo hicieron el domingo pasado.
Las fuerzas del centro no lograron hacerse visibles entre la polarización. Somos, el frente integrado por la UCR y aliados, no llegó al 5% en el Conurbano Sur. Los intentos de mensajes moderados no calaron en un electorado al que no entusiasman ideas nobles pero aburridas como el respeto por las instituciones. Octubre será una nueva oportunidad para quienes quieran diferenciarse de los extremos.
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Ahora hablemos del oficialismo nacional. Luego de haber sembrado viento, Milei puede estar ingresando en la fase de cosechar tempestades. En menos de dos años de mandato priorizó el marketing de su lucha contra “la casta” (un concepto que fue torciendo de acuerdo a sus intereses de corto plazo) y agredió con insultos y operaciones a todo aquel que no le rindiera pleitesía, fueran políticos, periodistas, intelectuales o artistas. Ahora que tambalea esa percepción que señalaba que “la gente” estaba de su lado, se le empezaron a animar todos al Presidente y muchos están dando vueltas en el aire para pensar en un futuro como opositores. Si el fenómeno se confirma en octubre, al gobierno le quedarán dos años largos y tortuosos.
Lo anterior no justifica la irresponsabilidad y falta de astucia política de los dirigentes peronistas que hicieron declaraciones en las que expresaron dudas sobre la posibilidad de que Milei complete su mandato. Lo hicieron Sergio Berni y el gobernador riojano Ricardo Quintela, que dijo que el gobierno está “acabado”. Además de que está simplemente mal especular con la interrupción del mandato constitucional de un mandatario electo, los comentarios de ese estilo no hacen más que robustecer los apoyos al Presidente entre quienes están predispuestos a percibir un “peronismo golpista” operando en las sombras. Diferentes voces del oficialismo ya empezaron a victimizarse.
La Libertad Avanza perdió una elección que, con el resultado puesto, resulta evidente que no podía ser sencilla. Es la provincia de los grandes bastiones del peronismo. El PJ obtuvo números similares a sus valores históricos en los últimos años, pero logró torcer la maldición de las elecciones intermedias (venía de perder en 2009, 2013, 2017 y 2021). La Libertad Avanza, por su parte, tuvo una performance similar a la de la primera vuelta de 2023 (sí cayó en votos respecto al ballotage). Ni el peronismo se volvió un gigante súper poderoso ni Milei está muerto. La extensa y variada demografía argentina puede dar sorpresas, como esos aluviones de votos a Milei que aparecieron en 2023 el NEA. Nada está definido.
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