Como este humilde servidor anticipó en estas líneas la semana pasada, el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, está utilizando su regularización masiva de inmigrantes para plantearse como modelo alternativo al de Donald Trump y sus redadas anti inmigrantes de la fuerza ICE. Esta semana, Sánchez publicó una columna de opinión en el New York Times en la que da sus “razones por las que Occidente necesita inmigrantes”.
Correo desde Madrid: "La inmigración como solución... para algunos"
El presidente Pedro Sánchez celebró en el New York Times la inmigración en España para confrontar con Trump. No todos ganan.
Escribe Sánchez que en España“viven alrededor de medio millón de personas que son cruciales para la vida cotidiana de todos. Cuidan de nuestros mayores, trabajan en pequeñas y grandes empresas, cultivan los alimentos que hay sobre la mesa. También forman parte de tu comunidad. Los fines de semana pasean por tus parques, cenan en los mismos restaurantes que tú y juegan en el equipo de fútbol de tu barrio”. Ese medio millón al que hace referencia es el que actualmente no tiene papeles, por lo que no puede trabajar en blanco ni pagar impuestos, y que será beneficiado por su medida.
El presidente español esgrime la razón “moral” como la más importante para la regularización, por la historia de España que tuvo más de 2 millones emigrantes en el siglo XX entre América y otros destinos de Europa, por lo que ahora, con su economía próspera, tiene el deber de ser una sociedad “acogedora y tolerante”.
Y luego se refiere a la razón “pragmática”: “Occidente necesita gente. Actualmente, pocos de sus países tienen una tasa de crecimiento demográfico creciente. A menos que acepten la migración, experimentarán un fuerte declive demográfico que les impedirá mantener a flote sus economías y servicios públicos. La única opción para evitar el declive es integrar a los migrantes de la forma más ordenada y eficaz posible”.
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Termina Sánchez: “Los gobiernos pueden optar por el pensamiento de suma cero de la extrema derecha y retirarse al aislamiento, la escasez, el egoísmo y la decadencia. O pueden aprovechar las mismas fuerzas que, no sin dificultades, han permitido a nuestras sociedades prosperar durante siglos”.
Todo muy lindo, sí. Humanista, pragmático y progresista (aunque sea con los puestos de trabajo de mala calidad). Lo que no contempla este pensamiento es que del otro lado del Atlántico o del Estrecho de Gibraltar sí hay perdedores. Son los países como la Argentina que también necesitan fuerza laboral, energía, talento, innovación para mejorar sus propias infraestructuras y democracias, pagar impuestos, bancar las jubilaciones del presente y el futuro.
Nada de esto invalida los argumentos de Sánchez. Pero están incompletos cuando se los mira desde el centro del sistema y no se piensa en el costo que pagan las periferias que, por cierto, también son “occidente”. Aunque pueda ser paradójico, a la Argentina, para no padecer la fuga de recursos humanos, le conviene más los líderes de fronteras cerradas como Trump que los “brazos abiertos” de Sánchez.

