Columnista | Opinión | Nico Varela | Columna

Six-seven

Nicolás Varela es periodista y conductor de radio de profesión. De lunes a viernes conduce Buenos Vecinos, un magazine de información y entretenimiento local por FM 88,7 y El Diario Sur en Vivo. También forma parte de FeFIJEE al Extremo, los sábados a las 20.

El Senado de la Nación hizo lo que, como decía Alejandro Fabri cuando comentaba un mano a mano del conejito Saviola, mejor sabe y más le gusta hacer: aprobar en silencio lo que debió haber sido motivo de un extenso debate público. Esta semana, se convalidaron 67 pliegos entre jueces y fiscales. Son tantos que podemos inferir, a primera mano, que ni yo ni ningún otro periodista será capaz de conocer todas las historias completas de cada uno de los designados. A esta altura ya nos acostumbramos a que las cosas importantes pasen mientras discutimos si el presidente puede o no pedir a chicos de un colegio secundario que insulten a los periodistas, o enseñarles que los que se le oponen son servidores del mismo diablo. Por eso el Senado esta semana operó con la eficiencia de quien sabe que nadie está mirando, igual que el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, que se calzó el traje de funcionario que funciona y se encomendó a la tarea de armar un Poder Judicial a medida del Gobierno y, especialmente, de los aliados que hoy lo sostienen andando.

Las designaciones fueron, sobre todo, para la Cámara Federal Penal, el tribunal que decide qué causa de corrupción avanza y cuál se congela para siempre en algún cajón con olor a humedad. Ahí asumieron esta semana Pablo Bertuzzi y Pablo Yadarola.

Yadarola, según escuché contar en la radio al periodista Reynaldo Sietecase (el único que abordó el tema con mirada crítica), es amigo personal de Mahiques. Tan amigo que viajaron juntos a Lago Escondido junto al padre del ministro, empresarios del Grupo Clarín y un agente de la SIDE. “Una juntada de amigos”, explicaron ellos después. El Senado lo aprobó por unanimidad: 66 votos, incluidos 14 peronistas, para un señor que estaba a punto de cumplir 75 años y que tiene en sus manos, entre otras cosas, la causa por el avión de Leonardo Scatturice, que aterrizó con veinte valijas sin que nadie las revisara y que desde entonces duerme el sueño de los justos en algún rincón de Comodoro Py.

Bertuzzi tiene su propia novela, según contó también Sietecase. Llegó a la Cámara en 2018 por un traslado que ni la Corte Suprema pudo admitir: dictaminó que ese traslado no equivalía a un concurso y lo declaró ilegal. Entonces Bertuzzi tuvo que rendir el examen de nuevo. Quedó en el puesto 24, de allí pasó al 21 tras tres impugnaciones y al final pasó al puesto 6. El Consejo de la Magistratura inventó una entrevista personal para hacerlo trepar hasta el sexto puesto, porque el Ejecutivo elige entre los tres primeros y con el 21° puesto no alcanzaba ni para soñar. Fue el único pliego que el bloque peronista rechazó formalmente mientras acompañaba, sin drama, todo lo demás. Incluido el ya mencionado Yadarola.

Uno podría decir: bueno, pero había vacantes, había que cubrirlas, y algo de razón tienen. Es cierto. Manu Nieto ya una vez me hizo notar que el kirchnerismo dejó muchas sillas vacías, en buena medida porque a Cristina Kirchner no le convencía este o aquel candidato. A Rafecas, sin ir más lejos, ni siquiera le dio el gusto de habilitarlo. Pero de ahí a este resultado hay una distancia que no se explica por la desprolijidad de un gobierno, sino por el diseño meticuloso de otro.

Leé más: Solo sé que no sé nada

Porque el patrón es el mismo de siempre: si el sospechado es peronista, generalmente termina procesado y preso. Como Cristina Kirchner o Julio De Vido, o como aquel ministro que luego de su tarea en Economía fue puesto en la boleta de una elección presidencial y ganó con el 54% de los votos en primera vuelta. En cambio, si pertenece al espacio que defiende el modelo económico y político vigente, no ve un tribunal ni por la televisión. Si hablamos del Poder Ejecutivo podemos decir que hubo corrupción con el kirchnerismo, hubo corrupción con el macrismo, hubo durante la social-democracia porteña albertista y hay corrupción ahora. La diferencia la pone el Poder Judicial, y lo veremos el día que decidan decidir qué pasa con causas como Libra o ANDIS.

La Corte Suprema de Justicia, mientras tanto, exhibe un nivel de complicidad con el oficialismo que a los más grandes escucho comparar con la mayoría automática de Menem, pero que a mí me suena más parecida a la de Zaffaroni. Una corte adicta a un modelo de país que no necesariamente está vinculada a ningún político o empresario local, si quiero ser malo. Por eso hasta ahora no hablé de Milei. Si quiero ser bueno y pensar que no viene de afuera, debo decir que, en cambio, parece ser Macri quien está detrás de esta medida que tomó el gobierno, justo mientras se tejen las alianzas que ilusionan la competitividad de La Libertad Avanza en las próximas elecciones. Y el Grupo Clarín.

El que de verdad farmeó aura esta semana fue, sin dudas, el ministro Mahiques. Luego de hacer que pase todo lo que acabo de contar, no me sorprendería que terminara en la Corte Suprema. O de procurador general, el jefe de todos los fiscales del país. O de presidente.

Dejá tu comentario