Adriana Acosta está en el recuerdo permanente del deporte argentino. Su estampa está impregnada a partir de su nombre en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, el punto neurálgico para los atletas del país donde la cancha de hockey lleva su registro. Desde allí, el homenaje a lo largo de los años se extendió y recorrió distintos puntos al ser considerada una de las primeras deportistas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar.
La historia de Adriana Acosta, la Leona desaparecida en dictadura: "Lomas siempre en su corazón"
Leticia Acosta recuerda a su hermana Adriana, referente de la Selección Argentina de hockey y de Lomas Athletic, desaparecida durante la dictadura.
Oriunda de Lomas de Zamora, con un fuerte arraigo en la zona sur del conurbano bonaerense, su imagen se refleja en Leticia, su hermana, que dialogó con El Diario Sur y fue elocuente al describirla y lo que significó para la región. "Ella era una persona increíble, siempre ayudando a la gente, buscando las cosas buenas de todos", sentenció, al puntualizar sobre una personalidad que, con apenas 22 años, caló profundo en la sociedad y vivenciaron quienes la rodearon, desde su familia hasta sus amigos en el Colegio Balmoral, o sus compañeros en Lomas Athletic o el Country Club de Longchamps, además de la Selección Argentina.
Sí, es que la joven Adriana fue integrante de las Leonas, cuando todavía faltarían más de 25 años para que se estableciera ese apodo y se reconociera al plantel nacional de hockey sobre césped femenino. Para Leticia, es una marca registrada. "Todavía no existían las Leonas, pero pasaba algo similar a lo que todavía pasa hoy, no había sponsors, había que seguir trabajando, estudiante, yendo con el palo y el bolso a todos lados en tren", destacó.
Un camino en el hockey
Su camino en la Selección se dio a partir de brillar en la cancha desde sus comienzos en el Tricolor en los primeros años de la década del 70'. En 1972 integró y fue capitana del equipo juvenil campeón metropolitano del Lomas AC. Y una temporada después fue la referente de la Selección de Buenos Aires que ganó el certamen argentino, donde, sorprendió a tal magnitud con su versatilidad y despliegue, que recaló casi sin escalas en la Selección Argentina, primero juvenil, luego la mayor. Todo un recorrido estelar que se trastocó el 27 de mayo de 1978.
Ese día almorzaba en una conocida pizzería llamada La Tuerca de Pérez, en Beiró y Segurola, en Devoto. Se la llevaron en una "razzia" y se sabe que estuvo presa en “El Banco”, centro clandestino de detención y tortura en la zona de La Matanza, cerca de la intersección entre la Ricchieri y Camino de Cintura. Su hermana lo describió así: "Conoci dos personas que estuvieron con ella y están vivas, hablé con ellas, y después recibimos una carta de otro más, que ayudaba a los represores, que dos meses después de eso había sido trasladada, con todo lo que eso significaba". Lo que significaba era una suposición que ganó fuerza con el tiempo: formó parte de los “vuelos de la muerte".
Justicia y Memoria
Allí empezó una lucha que tuvo a la familia en el centro de la escena. "Arrancó todo el drama de preguntar para saber dónde la podíamos encontrar", señaló. Y recalcó, entre otras cuestiones, el vínculo que llevó a la madre a la agrupación Madres de Plaza de Mayo. "Mi mamá empezó a presentar habeas corpus. Por ejemplo, en una ocasión recibimos una llamada en mi casa que dijo que ella estaba bien. Por lo pronto, tengo una carpeta repleta de habeas corpus pero nunca dieron resultado positivo", señaló. Y sumó: "Siempre estaba la ilusión que apareciera. Sea Día de la Madre, cumpleaños, Navidad, siempre había esperanza, pero nunca pasó".
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Por lo pronto, la búsqueda decantó en la posibilidad de resaltar su figura, algo que se consolidó con los años y se evidenció en un reconocimiento cada vez mayor, en distintos frentes, el primero de ellos, justamente, desde el hockey con la firma de su nombre en la cancha principal de ese deporte en el Cenard. "Es justicia el reconocimiento. Ella era una persona increíble, siempre ayudando a la gente, buscando que no hubiera grieta, ella era eso. Era excelente alumna, medalla de oro, todo lo hacía bien, muy difícil de copiar", remarcó.
Sobre esos homenajes, detalló: "Lo primero que empezó fue el monolito en el Cenard, después apareció en la cancha de hockey del Parque de Lomas, y también en Los Andes, donde ella nadaba y mis papás eran socios, por lo que íbamos de chicos". Y agregó: "Hay una baldosa que pusimos familiares y amigos frente al Colegio Balmoral, y está también el nombre suyo en la calle donde vivíamos, en Castelli y Mentruyt, que cada tanto lo borran, pero siempre van y lo vuelven a poner".
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Lomas en el corazón
"Ya de ella es una cosa histórica, es un recuerdo de su paso por la sociedad a la cual ella ayudó un montón, porque ella ayudaba siempre donde estaba, con sus compañeros estaba en cada detalle, y por eso está bueno la memoria en su nombre", sentenció.
Por último, recalcó el vínculo con Lomas por parte de la familia: "Los tres -Adriana, Leticia y su hermano- hicimos Primaria y Secundaria en el Balmerol, jugamos en el Club Lomas. Siempre fue nuestro hogar, y muchos de nuestros amigos, sus amigos estuvieron acá. Se fue a estudiar a La Plata y después a la UBA, pero siempre Lomas estuvo en su corazón". Y completó: "Hoy la extraño y siento que es como si estuviera a mi lado, y está bueno que sea recordada".
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