Historias de Country, por Edgardo Fornero: Pitón, Gorostodi y los otros. Capítulo 9

Edgardo Fornero es vecino de Canning y autor de la novela "La bahía de San Francisco". Este es el capítulo 9 de la saga por entregas "Pitón, Gorostodi y los otros".

El Dismétrico Araya sacó las achuras de la parrilla y cargó los termos con agua para el mate. Se subió a la camioneta y salió rumbo a Mondongo Way donde lo esperaba su mujer. Al pasar por la guardia se lo cruzó a Vidal, quien volvió a disculparse por haberles impedido la entrada al country a su cuñada y a su suegra.

-La Comisión se puso muy firme- se justificó -al menos por quince días vamos a estar sin visitas. ¿Pero le digo algo, Don Araya?. Ahí enfrente lo van a pasar fenomenal. Hasta música llevaron.

El Dismétrico lo miró con cara de "mestásboludeando" y siguió de largo. Apenas salió a la 52 divisó a Chela tomando mate con el marido y la madre. ¿Y Sarita? .. Sarita estaba a unos quince metros del gazebo de gran charla con un policía que al parecer había estacionado el móvil con intención de ir a husmear. Cruzó la cinta asfáltica por uno de los tantos pasos naturales creados por la ansiedad del hombre y se metió en Mondongo Way. La camioneta entró corcoveando como el caballo del Llanero Solitario. Pero en cuanto se estacionó sacó un relincho que levantó al policía por el aire.

-¡¡¡Llegó el service!!!- dijo el hombre, tratando de no caerse de la silla.

-¡Ojalá!- contestó la mujer del Dismétrico muy suelta de cuerpo- Es mi hermano que fue a comprar unas achuras para engañar al estómago hasta que nos vengan a auxiliar. ¡Acercate, Chiche!... Veni que te presento al Oficial Carrasco..

-Mucho gusto, Oficial.

-Encantado, amigo.

-Le estaba contando al Oficial Carrasco que venías atrás nuestro con mamá cuando se me plantó la camioneta.

-¡Así es!- mintió Araya, afianzando el propósito de encubrir el camping frente al country pergeñado por su mujer.

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-¡Cheeeelaaaa!, alcanzame el soplete que voy a calentar un poco las achuras- ordenó la mujer del busto de cinco cifras. -Traé también algunos miñones. Vamos a convidarle unos chinchus al Oficial Carrasco.

-No tiene por qué molestarse..

-Ninguna molestia, si se va sin probar un chinchu me voy a ofender..

El tubarero made in China escupió un fogonazo que dejó como saldo tres chinchulínes totalmente calcinados.

Carrasco, para congraciarse con Sarita, le dijo que no se preocupase porque Medina los prefería bien quemaditos.

("¿Medina?", se preguntó el Dismétrico Araya)

-¡¡¡¡Agente Mediiiiinaaaaa!!!!- pegó un grito el oficial a cargo del móvil.

El Dismétrico vio salir de la camioneta de su mujer a un joven con los pelos revueltos y la camisa desabrochada. Detrás asomó la cabeza su sobrina Danielita. El muchacho se abotonó como pudo y se calzó la gorra.

-¡Venga a probar estos chinchulines, Medina!- le ordenó el superior.

Para la segunda ronda de achuras Sarita ya le había tomado la mano al tubarero.

-De ser posible póngame una rodaja de limón sobre la mollejita- le pidió Carrasco antes de retomar la conversación.

-Me estaba contando que después de haber quedado viuda tuvo algunos pretendientes..

("¿¿Viuda??") Al Dismétrico se le atragantó el chimichurri, pero se esforzó para mantenerse incólume.

-Asi es. Al primero lo conocí muy joven, cuando iba a veranear a la casa de mis tíos en el campo. Se llamaba Romualdo. El pobre estaba enamoradísimo de mí, pero yo nunca le di bolilla. Cuando supo que murió mi marido no paró de llamarme. Hasta que un día lo fui a visitar. No se imagina la alegría de ese hombre. En el acto me propuso matrimonio.

-¿Y "usteg"?- preguntó Carrasco masticando una molleja.

-Le dije que necesitaba tiempo. Pero la verdad sea dicha, Oficial, lo que yo quería era conocer bien el facón. Porque usted vio como son los gauchos. Mucho montar en pelo para embocar la sortija, pero a la hora de los bifes se juntan en el fogón para cantarle a la luna. Así que para evitarme cualquier rodeo lo invité a un tour de 24 horas de amor sin límites.

-¡Mujer de armas tomar!- reflexionó Carrasco, turbado por la confesión de Sara -¿Y entonces..?

-Entonces descubrí que el satélite nos iguala a todos, Oficial. Los canales condicionados se pueden mirar hasta arriba del sulky. El manual de sexo que me tiró sobre la cama este cimarrón dejó al Kamasutra a la altura del Boletín Oficial.

-¿Y?...¿Cómo siguió la cosa?- preguntó el Dismétrico, ante la perplejidad de Carrasco y el divague de su mujer.

-Después de once horas ininterrumpidas de acción a Romualdo se le agotaron los tulipanes- respondió ella bajando abruptamente la intensidad del relato -Montó a caballo y de pique se fue al pueblo a comprar una docena más de cajitas. Pero la desgracia quiso que el animal se desbocase en una vizcachera y tras la caída él perdiera la vida.

-¡Qué destino el del pobre gaucho!- se horrorizó Carrasco -No me quiero imaginar como habrá quedado usted.

-En aquel momento tirada como Tupac Amarú- agachó la cabeza Sara -Después de eso me pasé un año sin ver a un hombre. Hasta que mis amigas me insistieron con lo de las citas del Tinder y ahí me relacioné con Horacio. Un muchacho maravilloso. Estuvimos cuatro meses whatsappeando sin conocernos... Hasta que un día lo invité a cenar a casa.. Fue la noche más lujuriosa de mi vida. Pero cuando me preguntó si podía bañarse antes de partir tuve un mal presentimiento.

-¿Qué pasó?- preguntó intrigado Carrasco mientras Pratto le ladraba a un auto que pasaba por la ruta.

-Pisó el jabón de la bañera y se desnucó. No se imagina. ¡Qué impresión verlo con los ojos abiertos y la lengua afuera!.

-No alcanzó ni a lavarse los dientes- aportó el Dismétrico tanto como para ponerle una nota de color al relato.

-Mi finado marido me lo dijo cuando me firmó el seguro de vida: "El día que Riverito cante que me embocaron cuatro cifras la guita va a ser tuya. Pero ojo. No la vas a poder disfrutar con ningún otro. Aquel que te toque me lo llevo conmigo".

-La profecía de Tutankamón- dijo el Dismétrico Araya - "Los que se atrevieron a abrirle el sarcófago se fueron a la B".

-¿Le preparo un cafecito, Oficial?- preguntó Sarita tras un silencio en el que solo se dejaron oír los ladridos de Pratto.

-Agradecido, Sara, pero el deber nos llama...¡¡¡Mediiiinaaaaa!!!... salude a estos amigos que nos tenemos que ir.

Mientas el móvil policial se iba rebotando sobre la corteza indómita de Mondongo Way, Sarita se dirigió a su marido:

-¿Qué me mirás asi?.... Andá a buscar el asado antes que se pase.

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Capítulo 4

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Capítulo 7

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