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Historias de Country, por Edgardo Fornero: Pitón, Gorostodi y los otros. Capítulo 7

Edgardo Fornero es vecino de Canning y autor de la novela "La bahía de San Francisco". Este es el capítulo 7 del cuento por entregas "Pitón, Gorostodi y los otros".

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Raúl Araya era "Chiche" para la familia y "El Dismétrico" para los amigos. Su debilidad por lo caro, lo grande y lo ostentoso inevitablemente conspiraba contra la calidad y el buen gusto de las cosas que tenía a su alrededor. Cuando Sarita tomó la decisión de reformar sus pechos, él fue a ver al cirujano en persona y le dejó diez mil dólares dentro de un sobre. "Póngale todo", escribió sin reparos. Un mes más tarde Sara se iba a convertir en la primera mujer del country con balcón corrido.

Ese domingo, estaba acomodando las achuras sobre la parrilla cuando sonó el teléfono del quincho.-Buen día señor. ¿Lo molestamos de la guardia? Se encuentra aquí la señora Chela. Chela era la hermana de Sarita. Tenía una marca difícil de igualar. Setenta y dos domingos consecutivos yendo a comer asados a lo de Araya. Acompañada siempre por su madre Thelma, su marido Daniel, su hija Daniela y su hijo Danielito. "A Chelita jamás la van a ver entrar con las manos vacías", decía Sarita de su hermana. "Si no se aparece con una pastrafrola te trae las medialunas para el mate de la tarde".

-¡Hágala pasar!- dijo el Dismétrico. -Señor, hoy no va a poder ser. El country ha suspendido las visitas por un mes.-¡¡¡Chiiiicheeee!!!- pegó el grito Sarita desde la cocina -Tengo a Chela en el celular.... ¿Qué pasa que no la dejan entrar?

Cincuenta metros antes de llegar a la guardia se podían escuchar los ladridos de Pratto cada vez que se levantaba la barrera y salía un auto. Pratto era el caniche toy de la familia. Otro con asistencia perfecta los días domingo. Danielita lo paseaba mientras el padre escuchaba la carrera, la madre arrojaba volutas de humo por el aire, la abuela tejía sentada en la parada de la combi y Danielito corría por el estacionamiento haciendo rebotar la pelota contra el muro perimetral. ¡¡¡Tííííoooo!!!... ¡¡¡Tííííoooo!!!.... ¡¡¡NO NOS DEJAN ENTRAAAAAAAAR...!!! -Bueno, querido, ya vamos a ver cómo lo podemos arreglar. Calmate, por favor..

-Vidal, yo no puedo permitir esto -arrancó Sarita -Mi hermana tiene un pase para entrar al country. Ella es de la casa. -Me sabrá disculpar, señora, pero con esto de la pandemia la comisión se puso firme. Si ella pasa debajo de esta camarita -Vidal levantó un dedo por encima de su cabeza -mañana ustedes van a recibir una multa y yo voy a perder mi trabajo.-¡Está bien.. está bien!- respondió Sara, resignada pero sin signos de capitulación -Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. ¡Vamos, Chiche, subite a la camioneta!. Y ustedes... no se muevan de aquí. Enseguida vuelvo.

-¿Qué pensás hacer, amor?- Preguntó el Dismétrico camino de vuelta a su casa.

-Si mi familia no puede entrar, nosotros vamos a salir. ¡Hoy el asado se come en Mondongo Way..!Mondongo Way era la arteria lateral a la ruta. Un trazado salvaje que transformaba al paisaje de enfrente en una postal parecida al Lejano Oeste. Con oficinas, proveedurías, despacho de alcohol, forrajerías... y hasta un Banco!!!Un Banco que ni Jesse James se hubiese animado a ir a robar por temor a romper el tren delantero del caballo.

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-Sari, amorcito.. ¿No te parece que es una locura lo que querés hacer? -¿Quién lo dice?-Qué se yo... no sé... digo. Estamos en plena pandemia. Están prohibidas las reuniones... Hay un protocolo..-Vos despreocupate que el asado se va a servir con protocolo. Comeremos al aire libre y con dos metros de distancia.-Sari, pensá también que la carne va a llegar fría... Voy a tardar como quince minutos en llevarla hasta Mondongo Way. -¿Y para qué compraste el soplete tubarero?-Lo compré para encender el fuego. No para calentar la carne.-Yo lo voy a usar para calentar la carne..... Perdón, si a vos no te molesta.

-¡¡¡Soooooofiiiiii..!!!- gritó Sarita en cuanto apoyó el pie en el umbral de su casa.-¿Qué pasa, mamá? -Ayudame a cargar la camioneta como si fuésemos a pasar el día a las dunas...-¿Nos vamos a Pinamar?-No. Vamos a comer con los tíos en Mondongo Way. Subí el gacebo, la mesa y los bancos. Yo me encargo de la vajilla.-Yo te ayudo pero no me cuentes. No pienso incendiarme con mis amigos haciendo un picnic en Mondongo Way..-Hacé lo que quieras- se desinteresó la madre -¡Chiche!.. vos subi el equipo de música y volvé a la parrilla.

Cuando Sara se aseguró de haber cargado todo lo que necesitaba se despidió del marido con una útima recomendación."Traé primero las achuras y después el asado.... ¡Ah!.. y no te olvides de llenar los termos para el mate de la tarde. En la puerta del country la estaban aguardando Chela, Thelma, Daniel, Daniela, Danielito y Pratto. La doble cabina de la camioneta contaba con amplitud suficiente para transportar a todos. El problema se suscitó cuando después de cruzar la ruta tuvieron que transitar por Mondongo buscando un espacio más o menos adecuado para armar el gacebo. Por cada metro que la camioneta avanzaba sus ocupantes rebotaban como aceitunas en una coctelera.

-Sarita, frená por favor- pidió Thelma con voz angustiada -Me estoy por hacer pis.Si algo bueno tenía Mondongo Way era que donde quiera que uno derramase líquido la superficie lo absorbía en el acto. Thelma se puso en posición de centrofoward para la foto y descargó a un costado de la camioneta. Unos veinte metros más adelante Chela descubrió una franja de pasto silvestre ideal para acampar.

En cuestión de minutos el gacebo quedó armado. Con la mesa, los bancos y las reposeras. Daniel bajó la heladerita y conectó el equipo de música a la camioneta. La bachata de Romeo Santos se hizo escuchar hasta la otra orilla, desde donde Vidal salió a saludar, aliviado por el problema que se había quitado de encima. Chela comenzó la ronda de mates postergada de la mañana, mientras Danielita whatssapeaba con sus amigos y Danielito le tiraba centros a Pratto.

Nadie tomó nota que a unos doscientos metros se estaba aproximando un móvil de la Policía de la Provincia.-Medina.. ¿Vos ves lo mismo que estoy viendo yo?- preguntó el oficial Carrasco al agente que lo acompañaba, -No quisiera equivocarme, oficial. Pero me parece estar viendo a un grupo de gente acampando sobre Mondongo Way.

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