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Historias de Country, por Edgardo Fornero: Pitón, Gorostodi y los otros. Capítulo 8

Edgardo Fornero es vecino de Canning y autor de la novela "La bahía de San Francisco". Este es el capítulo 8 del cuento por entregas "Pitón, Gorostodi y los otros".

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

¡Buenos días!- saludó el oficial Carrasco llevándose la diestra a la sien.-¡Buenos días!- respondió Sarita, la mujer del Dismétrico Araya.-Buen día- dijo el agente Medina, con el caniche toy de la familia saltando a su alrededor a puro ladrido.

-¡¡¡Praaaaattooooo!!!- gritó Chela, la hermana de Sarita -¡Pratto, vení para acá!-Familia riverplatense- dijo Carrasco con un atisbo de sonrisa. -Mi cuñado y los chicos- le aclaró Sarita -Mi hermana y yo somos de Chicago... ¿Qué lo trae por aquí, oficial?-Curiosidad nomás- dijo el uniformado con una mueca de ironía -Vimos que estaban de camping y nos preguntamos qué podrían estar festejando sobre Mondongo Way en plena pandemia.

-¡Ni festejos ni camping!- devolvió Sarita sin dejar que la pelota tocase el piso -Plantados por culpa de la camioneta. A duras penas pudimos empujarla hasta aquí. Los del service ya nos dijeron que van a demorar no menos de cuatro horas en venir. Íbamos camino a Pinamar.

Bajo el gazebo a espaldas de Sara los agentes del orden podían divisar a una mujer mayor tejiendo punto crochet, a la otra que había llamado al perro cebando mate y al cuñado "Gallina" leyendo el diario. A un costado de ellos, los chicos. La nena mayor tirada sobre una reposera con el celular en la mano y el hermanito trepado arriba de la camioneta tratando de remontar un barrilete.

"Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma", había sentenciado Sarita una hora antes cuando a su familia le bloquearon el ingreso al barrio por las restricciones de la pandemia. -¡En la casa de los Araya los asados no se suspenden!- le escucharon decir los muchachos de la guardia .Así fue como a la mujer del busto de cinco cifras se le ocurrió cambiar la sede del almuerzo. Del quincho de su casa al gazebo emplazado sobre la corteza escarpada de Mondongo Way. Justo frente al country. El agente Medina ha hecho un curso de mecánica- dijo Carrasco en tren de dar una mano -Vaya a fijarse, Medina...

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-¡De ningún modo!- le cortó el paso la mujer del Dismétrico -mi cuñado es un profesional altamente calificado y ya revisó todo. El problema está en la computadora. Nada que ver con el motor.

-Entonces tendrá que esperar al service- dijo el policía resignado -Dígame si le podemos ser útiles con algo más.-Gracias, oficial. Vaya tranquilo. Si no fuese por el protocolo del Covid lo invitaba a tomar unos mates...

Carrasco era un depredador compulsivo. Podía salir de su casa sin sus zapatos pero nunca sin su escopeta. Bicho que veía correr o volar le apuntaba. De las aves silvestres tenía una particular debilidad por la martineta copetona. Pero si una especie lo volvía loco era la martineta pechugona. ¡Qué decir entonces del ejemplar que tenía plantado ante sus ojos!... Nunca había visto nada parecido. Echó una ojeada para corroborar que el único macho a la vista era el cuñado de la martineta y se lanzó a fondo.

-¡Medina! Tráigame el equipo de mate que tengo arriba del móvil. Vamos a hacerle compañía a esta dama. -No tiene por qué molestarse, oficial.. -Sarita le miró la identificación -... Oficial Carrasco.-Nuestra obligación es servir a la ciudadanía- engoló su voz Carrasco -Hágame el obsequio de llamarme Omar.-¡Sara, mucho gusto!- dijo la mujer del Dismétrico -¡¡¡Danieeeelaaaaaa!!!... Traé una silla para el señor Omaaar.

Cuando la chica llegó con la silla el agente Medina coincidió en llegar con el equipo de mate. Los dos cruzaron miradas y ella, atrevida, invitó al muchacho a escuchar música en la camioneta.-Vaya nomás, Medina- lo autorizó su superior -a ver si encuentran algún tema de Maluma.-Gran chico- dijo mientras metía Playadito en el mate -Cuénteme, Sara.. ¿Qué hace una mujer hermosa como usted en un lugar como Pinamar? No creo que haya mucho para disfrutar en estos días de invierno.-Mi hermana y yo somos muy duneras, Omar. Nos gusta levantarnos temprano y preparar la comida para llevar a la playa. Las empanadas de Chela son para chuparse los dedos y mi especialidad son los chorizos a la pumarola. -Imagino que no debe ser muy cómodo almorzar con el viento que sopla en estas épocas.-No crea. Nosotras bajamos los laterales del gazebo y mi cuñado enciende el brasero. Después nos pasamos toda la tarde jugando al burako y al chinchón...-Ya que lo nombra a su cuñado.... Disculpe mi curiosidad... ¿Y usted?.. ¿Usted no tiene marido?-Mi marido falleció hace unos años- mintió sin señal alguna de pudor.-¡Qué horror!... Debía ser un hombre joven...-Cincuenta y dos años. Muerte fulminante. Se lo llevó un ACC.-Querrá decir usted un ACV...-Nooo... le acertaron cuatro cifras. Mi marido era quinielero... Capitalista de juego, ¿Vio?... ¡Las veces que le habré dicho: "Riverito a vos te va a matar"!. No se imagina lo que sufría escuchando La Danza de la Fortuna.

-No quiero pensar lo que debe ser su abstinencia de amor durante estas gélidas noches de Pinamar..-Durísimas, Omar- la mujer del Dismétrico ensayó una de esas poses que hicieron célebre a la Coca Sarli.-¿Cómo puede sobrellevar tanta soledad una mujer con su vitalidad.. con su energía? -Y... Como se puede. La falta de un buen trozo de pan no siempre se puede reemplazar con una criollita..

-Usted necesita un hombre que la ponga al día, Sara... Un hombre que le devuelva la alegría de vivir.A punto estuvo el Oficial Carrasco de revelar que ese hombre era él cuando un bocinazo lo hizo saltar de la silla. Había llegado el Dismétrico Araya con las achuras.(Continuará)

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